Más de mil pacientes de ostomía atendidos

Mi historia

Mi nombre es Sergio. Tengo 35 años, soy casado y padre de tres niños. Hace un año, debido a complicaciones de una apendicitis, fue necesario hacerme una ostomía. Desperté de la cirugía sin saber lo que me había sucedido, estaba desconcertado. Ahí estaban mi esposa y los doctores para explicarme la situación. Mi madre también estaba ahí. A pesar del apoyo y las muestras de cariño, yo estaba devastado y mi esperanza del futuro estaba destruida. Pasaron varios días y muchos médicos y enfermeras frente a mí para explicarme lo que vendría en los días siguientes.

Como pueden imaginar, el ánimo y las soluciones eran escasos. Las primeras semanas fueron muy difíciles, las actividades más pequeñas representaban un gran reto. Bañarme, salir a la calle, ir al supermercado, ir por mis hijos a la escuela, volver al trabajo, todo en realidad. El estrés era insoportable, lo único que pensaba era que se me iba a derramar la bolsa y que olía mal. Todas las ideas que tenía para el futuro, ver crecer a mis hijos, acompañarlos en su camino y ser un apoyo, todo estaba detenido y me costaba cada vez más trabajo aferrarme a ese futuro tan deseado. Es difícil entender y permitir que el mundo sepa que en todo momento, tú estás yendo al baño; en el cine, en la oficina, en la mesa. Todo el tiempo.

Al principio utilicé toda clase de productos de ostomía. Obviamente, el manejo del estoma es muy difícil por la falta de experiencia, la variedad de productos de distintas calidades no siempre buenas y el poco compromiso con la condición de los pacientes que con frecuencia encontramos.

El final de la búsqueda

A pesar de enfrentar toda clase de dificultades, no me di por vencido. Seguí buscando alternativas, alguien que supiera y tuviera la generosidad de compartir. Así fue como me hablaron de la clínica especializada en heridas y ostomías. Una persona que había ido me recomendó y decidí ir. No tenía nada más que perder.

Así bien, un par de días después hice la cita y me presenté. El enfoque de la atención fue muy distinto desde el principio. Estas personas estaban comprometidas conmigo, con mi salud, con que recuperara mi vida, y no con vender sus productos. Aprendí en poco tiempo a entender mi ostomía y a usar los productos de manera adecuada. La meta era que yo me encargara y no dependiera de otros, y que asistiera a la clínica las menos veces posible. Salí de ahí con productos y un número de teléfono para solicitar asesoría, pero con claridad de que yo podía atenderme y que podía retomar mi vida donde la había dejado.

Una nueva vida con una ostomía

A partir de entonces, los días empezaron a pasar sin incidentes y empecé a recuperar la confianza, de a poco. Los cambios se espaciaron y eran más sencillos cada vez. Mi piel se empezó a recuperar y dejé de revisarme todo el tiempo. Recuperé el sueño y mi estado general de salud mejoró. Con las semanas volví salir a la calle sin miedo, a estar en la oficina tranquilo y a interactuar con otras personas. Mi autoestima estaba ahí de nuevo.

Después de algunas semanas más, he recuperado mi vida. He vuelto a hacer todo lo que hacía y ahora que he sobrevivido, puedo y quiero hacer mucho más de lo que hacía antes, con más consciencia, con más valor. Por ello, quisiera que más personas pudieran experimentar lo que sentir que se pueden valer por sí mismos, incluso más que antes.

SR

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